LA INFANCIA NO TIENE FRONTERAS


La región de Tarapacá es un territorio mágico en el cual las distintas culturas de América y el mundo se encuentran desde que existe la memoria. Nuestros niños y niñas han ejercido el derecho al juego y con él se ha socializado generaciones de tarapaqueños y tarapaqueñas orgullosa de sus raíces.

¿Tenemos deudas pendientes con la infancia? Claramente sí. Si bien como parte de nuestro desarrollo humano hemos logrado avanzar en temas como la desnutrición, el acceso a la educación, incluso en el establecimiento de un sistema de protección social de primera infancia. Sin embargo, hay temáticas donde nuestros avances han sido paupérrimos y las actividades desarrolladas por las organizaciones de la sociedad civil son cruciales para al menos alarmar a la ciudadanía sobre la debilidad de nuestros sistemas de protección.

Tarapacá; no hoy, si no por lo menos desde el 2019 a la fecha, es el corazón del desplazamiento forzado de familias migrantes, en donde las autoridades nacionales estaban conscientes de que estos se desplazaban, con el único fin de llegar a Chile esperanzados en la invitación extendida.

Aun así, no se elaboró un plan o protocolo de acción, a pesar de los ofrecimientos técnicos y materiales de ACNUR y OIM, en su lugar se descansó en que las limitaciones y cierres de fronteras formales impediría la odisea por el desierto que enfrentan estas familias siguiendo al pastor que ofreció la tierra prometida.

¿Pero qué culpa tienen los niños y niñas? Ninguna y es que los niños no son migrantes, ellos no eligen esta condición, no podemos responsabilizarlos. Cuando uno ve interactuar a niños y niñas entre ellos, cuando se dejan llevar por la dinámica del juego aparece esa magia tarapaqueña de la integración y queda en evidencia la única realidad: todos los niños y niñas son iguales en derecho y dignidad o como tratamos de transmitir en las sesiones sociodeportivas de Fundación Fútbol Más: “El balón no tiene género ni fronteras”

Está claro que un porcentaje importante de los 2.095 niños y niñas que acompañaron a migrantes y que el gobierno de Chile reconoce como ingresados al territorio nacional se quedarán viviendo en Chile. Tal vez alguno defienda los colores de nuestra selección en 10 o 20 años más y es crucial que cuando esté por patear el penal de alguna final futura sus recuerdos sean de lo orgulloso que siente por representar a Chile y del privilegio de ser Tarapaqueño.

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